Sospechoso habitual
16-03-2005 01:05, por Sebastián Villalba
Un chico de pie en mitad de la acera, viste bien y va bien arreglado. Está frente a un edificio, donde que ha quedado para ver un piso que se alquila. Pasa un coche de la policía, se detiene a unos metros de donde él se encuentra, encima de la acera. Se baja un agente y con modales bruscos le pregunta que qué hace ahí.
“Esperar”, contesta el chico, al que la buena voluntad se le acaba de evaporar con el tono prepotente del agente. “¿Pasa algo?”, pregunta él. La buena voluntad se queda en nada con la respuesta que obtiene “¿Te pasa algo a ti?”.
“No, estoy esperando para ver un piso” contesta mientras señala con el dedo el cartel que hay en el edificio de enfrente. Mientras el agente le solicita la documentación y le toma los datos en una libreta con un boli bic, se baja el agente que conducía, pregunta que qué pasa y el chico se lo vuelve a explicar, “esperar para ver un piso”, señalando el cartel.
El segundo agente se dirige al primero y le hace un gesto indicando que se vayan, que no merece la pena, pero el primero sigue empeñado en escribir en su libretita el nombre y apellidos del sospechoso de estar parado en mitad de la calle, tan empeñado como para coger el carnet para copiar mejor los datos. Al chico se le pasa por la cabeza pedirle su nombre y anotarlo en su PDA.
Finalmente se van, y el chico, algo nervioso se pregunta qué ha hecho para que le traten como un sospechoso. Por suerte lo tiene todo en regla y no le han cacheado, no es inmigrante, no es un ilegal, y se imagina cómo hubiera podido terminar si lo hubiera sido: comisaría y billete de vuelta. Se queda con la impresión del peligro público que puede suponer un policía de mal humor y con peores modales porque se le han cruzado los cables o se le ha roto ese sistema operativo.
Unos días después ve al mismo policía, ha parado a un flipadete con su escuter. Parece que se conocen porque posiblemente es un mangui y el trato entre el policía y el sospechoso habitual (sin casco, con escape libre, y posiblemente sin seguro) es exquisito.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. El piso que iba a mirar no valía un carajo, aunque tenía unas vistas bonitas era el peor que nunca había visto en su vida.