En Chicle 8.0 hablan sobre el efecto blog, sobre cómo afecta a nuestra vida el hecho de que nuestros amigos y conocidos sepan que tenemos un blog y lo lean. El efecto blog también puede provocar que en todo momento nos planteemos si podemos o no escribir sobre un tema, si es correcto o no, sobre la forma y sobre el contenido.
Yo he optado por dar la dirección a algunos amigos, pero no de una manera insistente, en plan “léeme, léeme, que me leas, ¿me lees ya?”, sino dejando caer la cosa, casi quitándoles las ganas. Ninguno me ha comentado nada y dirÃa que no me leen.
El motivo de este weblog fueron mis ganas de escribir, y que me lea quien quiera si le interesa, sin compromisos ni ataduras. Hoy hablo de mi mismo, mañana de algo profesional y pasado de la manzana o el demonio.
Algunos dÃas me pregunto qué hago perdiendo el tiempo con esto, pero ayer volvà a releer mis mensajes y me gusté, fue como mirarse al espejo y decir “ché, qué bonico que soy”. Sigo sin explicarme de dónde saco ganas y tiempo para escribir entre semana y por qué me callo como una piedra todos los fines de semana. Y también me pregunto por qué hoy he dejado preparados unos 12 post sobre diferentes temas; la inXpiración me debe estar rondando.