
Hace unos dÃas terminé de leer “Yo Robot”, de Isaac Asimov, en el que sin dejar de lado sus famosas tres leyes de la robótica se narra la evolución de los robots, encontrando curiosas situaciones como la de un robot mentiroso, o la de un robot que toma conciencia de su propia existencia y se cree superior a los humanos, ¿por qué deberÃa creerse que un frágil e imperfecto humano ha creado algo tan fuerte y perfecto como él?
En uno de los diálogos el robot responde con esta escalofriante frase (en el contexto de la situación), que seguro que os recordará un anuncio de Audi:
“FÃjate en ti. No lo digo con ánimo de desprecio, pero fÃjate bien. El material del que estás hecho es blando y flojo, carece de resistencia, y su energÃa depende de la oxidación ineficiente del material orgánico.
Entráis periódicamente en coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta a vuestra eficiencia. Sois alterables. Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energÃa eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, permanezco consciente todo el tiempo y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teorÃa a la nada.”
¡Quina por!
Buscando información al respecto he encontrado este post de DidE titulado Yo Robot de Isaac Asimov en la pantalla grande y enlaces al ebook de Yo Robot y a la web de la pelÃcula I Robot Now que se estrenará en breve, en la que se puede “encargar” un robot a medida.
También he encontrado una definición de cerebro positrónico en este glosario de Ciencia-Ficción: “el cerebro positrónico, de tamaño similar al humano y ubicado en la cabeza de los robots, estarÃa compuesto por una delicada malla de platino, y los impulsos cerebrales (el equivalente a las comunicaciones interneuronales) se realizarÃan mediante un flujo de positrones, lo que justificarÃa su nombre” (José Carlos Canalda).